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Bota, Bota, que hoy es Viernes y el Cuerpo lo Nota...

¡¡Bota, bota!! Hoy es viernes y el cuerpo lo nota


Con esta frase y a ritmo de son nos sube el animo María Eugenia a todos los que en algún momento hemos estado con ella...





María Eugenia, nació hace 45 años en la Ciudad de Panamá. Ciudad de mar, abierta y Cosmopolita, aunque al mismo tiempo conservadora.


María Eugenia, nació en una familia acomodada de la ciudad, fue a colegio de monjas donde todas sus compañeras eran niñas como ella.


María Eugenia era alegre, muy inteligente. Era brillante pues a su inteligencia se le unía la energía de hacer.


Sabía que estaba en este mundo para hacer algo desafiante


En el colegio destacaba por sus notas, era muy popular por su carácter abierto y juguetón y tenía muy buenas amigas. ¡Irradiaba Luz!


María Eugenia tenía una amiga más especial con la que compartía sus historias más intimas, sus miedos y sus sueños.


Su nombre: Rosa.


A Rosa la sentía parte de si misma y cada vez se hicieron inseparables, tanto que empezaron a sentir una atracción la una por la otra más allá de la pura amistad. Querían experimentar tocarse, acariciarse y poco a poco empezaron a tener una relación también física.


Se lo pasaban muy bien juntas, no necesitaban a nadie ni nada más para sentirse completas.






PERO


María Eugenia, empezó a tener lucha interna:


  • Por un lado: seguir amando a su amiga Rosa, como la amaba, en secreto y

  • Por otro: seguir con la vida que llevaba con su familia y con el resto de las personas con las que se relacionaba y que en tan buena estima la tenían.


No quería que su relación con Rosa se hiciese pública y poco a poco fue dejando de lado lo que sentía por Rosa y a su vez fue dejando de lado a Rosa, para ser la persona que los demás creían que era.


María Eugenia fue a la universidad a estudiar con la idea de ser una chica “normal”, estudiaba, sacaba muy buenas notas y también le gustaba divertirse, beber y bailar


Allí conoció a muchas personas, entre ellas conoció a Carlos que se enamoró perdidamente de ella.


María Eugenia le contó a Carlos su amistad con Rosa como un amor adolescente del que nada quedaba. Unos años después María Eugenia y Carlos se prometieron amor eterno ante el altar.


María Eugenia tuvo un primer hijo que la lleno de ternura y de amor, su hijo compensaba el silencio de sus verdaderas emociones. Aún así, María Eugenia en su interior sentía frustración y mucho dolor.


Así fueron pasando los años y Nació su segundo hijo, nació enfermo del corazón. Desde el primer minuto de vida de este niño, María Eugenia se dio cuenta que era una llamada de atención para ella., sintió que la vida le decía ¡Despierta!


Pasó cuatro años de hospital en hospital, de cirugía en cirugía, con un dolor que le nacía desde lo más intimo de su ser, pues estaba segura que la culpa de la enfermedad de su hijo, era de ella, por estar viviendo una vida de mentiras.


Por otro lado, las peleas con Carlos eran constantes, tenían criterios muy diferentes de cómo educar a los hijos y aún así tuvieron un tercer hijo, justo cuando estaban perdiendo definitivamente al segundo.


María Eugenia ya no sabía que hacer. Su angustia crecía y se sentía ahogada


Sus noches eran largas, no dormía, llorando por ella y por el niño que había perdido.


Y ahora embarazada de otro niño, que no tenía muy claro quererlo tener.


Se sentía culpable de todo lo que le estaba ocurriendo a ella y a sus hijos.


Quería desaparecer, María Eugenia se había apagado.


Así pasaron algunos años más, en los que María Eugenia se refugió en su trabajo.

Cada vez adquiría cargos con mas responsabilidad. María Eugenia, seguía soñando


En su Empresa se sentía reconocida y útil pues parte de su trabajo era hacer mejoras en las condiciones laborales y además se le ocurrió que podía mejorar también la vida de algún trabajador que tuviese necesidades especiales en su vida privada y así año tras año fue adquiriendo fama de hacer posible los sueños de los demás.


Pensó que ese era su legado en la vida y empezó a sentirse en paz...






PERO


Un día en su empresa, su mirada se encontró con la mirada de una becaria, era joven, bonita, llena de vida y desenfado. Su nombre: Rosa.

Al oír ese nombre, le dio un vuelco el corazón


¡Rosa! De nuevo volvía la necesidad de tocar y acariciar a una mujer.


En cuanto la vio, sintió que no podía apartar la mirada de ella, que quería conocerla y pasar todo el rato charlando con ella.


Y así lo hizo, esa tarde se acercó al puesto de Rosa y la invitó a tomar algo con ella.


A la salida del trabajo se fueron juntas a una cafetería a charlar y desde ese primer instante no pudieron reprimirse y empezaron una relación intensa, llena de pasión y de amor.


En María Eugenia apareció con claridad la idea de separarse de su marido y de vivir con Rosa, esta vez no se lo iba a negar .


Cuando le dijo a Carlos que definitivamente quería separarse no le contó el motivo, aunque era evidente que en María Eugenia algo había cambiado, tenía otra vez la fuerza y la energía que derrochaba cuando era joven y él la había conocido.


Las peleas eran constantes. Carlos no se lo iba a poner nada fácil.


Daba igual porque María Eugenia volvió a sentir la fuerza ahora renovada de aquella mujer llena de vida y energía


María Eugenia ahora sabe cual es su cometido y desafío en la vida:


ser ella misma, autentica para ser modelo para otros y con alegría gritar


¡Bota, bota que es viernes y el cuerpo lo nota!






 

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